A quince días del play ball en Francia, el aroma de la tierra batida comienza a flotar en el aire. Los campeonatos de División 1 y División 2 de béisbol y sóftbol están a punto de reanudarse. Mientras tanto, en otro lugar del planeta béisbol, las estrellas se calientan tranquilamente: el Clásico Mundial de Béisbol está en pleno apogeo en su fase de grupos, mientras que las ligas japonesa y estadounidense se estiran los brazos en la suave calidez de la primavera antes de la reanudación de la Major League Baseball.
En resumen, el béisbol mundial se pone en marcha. Y en Baseball TV France, antes de sumergirnos de cabeza en los box scores y las clasificaciones, hemos decidido detenernos un instante en un personaje a veces discreto, a veces omnipresente, a menudo mal entendido: el capitán.
En el mundo perfecto del béisbol
En un universo perfectamente organizado —aquél que imaginamos en los manuales de gestión deportiva—, un equipo de béisbol funciona como una pequeña empresa.
En la cima del organigrama, encontramos al presidente, garante de la estructura administrativa, financiera y jurídica. A su lado, el mánager, patrón del terreno y director de orquesta del juego.
El presidente habla de presupuestos, licencias, infraestructuras y estrategia.
El mánager, por su parte, transforma todo eso en decisiones deportivas: alineaciones, rotaciones de lanzadores, estrategia de partido.
Bajo sus órdenes giran los entrenadores especializados: pitching coach, entrenador de receptores, entrenador de campo exterior… y, por supuesto, los jugadores.
Y entre ellos, un personaje un poco especial: el capitán.

El capitán, ese ojo en el corazón del juego
El capitán es un jugador como los demás… pero no del todo.
Es designado por el mánager —a veces elegido por los jugadores— y obtiene su legitimidad ya sea por su experiencia, su carisma o su capacidad para hablar más fuerte que nadie en el banquillo.
Su misión:
Ser el enlace del mánager en el terreno.
Mientras el mánager observa el partido desde fuera —a veces sentado en el banquillo con un café frío y una hoja de alineación arrugada—, el capitán, él, vive el partido desde dentro.
Uno ve el cuadro general.
El otro siente el ritmo del juego.
Cuando la comunicación funciona, es un dúo temible.
Bienvenidos a la realidad del béisbol amateur
Hasta ahora, todo va bien.
Pero esta bella máquina bien engrasada pertenece sobre todo al mundo profesional. En el béisbol amateur —y particularmente en Francia— las cosas a veces toman… un giro más creativo.
Dicho de otro modo: el organigrama a veces se convierte en un ejercicio de improvisación.

Incongruencia n.º 1: el mánager que vuelve a calzarse las espiguillas
En teoría, el mánager es un exjugador reconvertido, instalado cómodamente en la jubilación del diamante.
En la práctica… a veces vuelve a calzarse las espiguillas.
Por necesidad, por falta de efectivos o para respetar ciertas reglas como los cupos JFL.
Así hemos visto a Keino Perez, mánager de Rouen Huskies, subir al montículo para lanzar algunas entradas. Más recientemente, Patrice Briones también ha vuelto al servicio.
Conclusión: incluso en División 1, el béisbol sigue siendo a veces un deporte donde el mánager guarda su guante en el saco… por si acaso.
Incongruencia n.º 2: mánager y capitán… la misma persona
Aquí entramos en una configuración particularmente deportiva.
Imagínese:
el mánager debe analizar el partido, gestionar los relevos, anticipar la estrategia… mientras juega él mismo en el terreno.
En otras palabras: dirigir el equipo mientras intenta batear una pelota a 140 km/h.
Algunos equipos han intentado la experiencia —en Montpellier, La Rochelle o Savigny, en particular.
¿Resultado?
Digamos simplemente que en una temporada completa, la fórmula suele mostrar sus límites.

Incongruencia n.º 3: cuando el capitán se convierte en el verdadero patrón
Otro escenario clásico: el capitán es tan carismático que acaba eclipsando al mánager.
En el banquillo, las discusiones parecen equilibradas.
Pero a la hora de decidir… el capitán tiene la última palabra.
Ya hemos visto este tipo de configuración en algunos clubes como Montigny, Sénart o el Paris Université Club.
El mánager dirige oficialmente.
El capitán dirige oficiosamente.
Y a veces, adivine cuál es el más escuchado.
Incongruencia n.º 4: tres roles para una sola persona
Este es sin duda el caso más espectacular.
En ciertas situaciones, el mánager, el capitán y el jugador implicado en una protesta arbitral… son la misma persona.
Imagínese la escena:
- el jugador protesta por una decisión,
- el capitán interviene,
- el mánager va a hablar con el árbitro…
…y siempre es la misma persona.
Resultado frecuente: expulsión.
Y un equipo que de repente se queda sin mánager, sin capitán… y a menudo sin su mejor jugador.
En regional o en División 3, esto puede entenderse.
Pero también lo hemos visto en el más alto nivel francés.
La verdadera pregunta: la autoridad
Al final, todo esto se reduce a una pregunta sencilla: la autoridad.
El mánager obtiene su legitimidad del presidente o de la junta del club.
El capitán, por su parte, la obtiene de los jugadores.
Luego, cada uno debe convencer a los que no lo han nombrado.
El capitán debe seducir al cuerpo técnico.
El mánager debe ganar el respeto del vestuario.
Y en el béisbol existe una regla no escrita:
un mánager respetado suele ser un ex gran jugador.
Un dogma casi universal:
« Un gran mánager ha sido un gran jugador. »
No siempre es cierto… pero es lo que suelen pensar los jugadores.
Y a veces… los clanes
Otro fenómeno bien conocido: los clanes en el vestuario.
Se forman dos grupos, cada uno con su líder.
Y de repente, el equipo se queda con dos capitanes oficiosos.
Si el mánager se inclina abiertamente por uno de los bandos, la situación puede volverse rápidamente explosiva.

Una particularidad del béisbol
A diferencia del fútbol o el rugby, el béisbol puede funcionar sin capitán.
El mánager y su cuerpo técnico pueden gestionar teoricamente todo.
Porque al fin y al cabo:
- el mánager dirige y decide
- el capitán inspira y une
Pero estas cuatro funciones pueden a veces concentrarse en un solo rol: el del mánager.
Aun así, la confusión persiste
Por falta de medios, algunos equipos seguirán funcionando esta temporada con:
- sin capitán,
- un capitán-mánager,
- o un capitán omnipresente.
Y a veces… todo a la vez.
Moraleja
Este artículo no tiene como objetivo hacer un inventario de las catástrofes de gestión del béisbol francés.
Sino simplemente recordar una evidencia:
Los equipos que perduran son a menudo aquellos en los que los roles son claros y ocupados por personas legítimas.
Suprimir un rol o nombrar a alguien que no hace consenso puede funcionar…
pero rara vez durante mucho tiempo.
⚾ ¿Y usted?
¿Ha encontrado alguna otra situación de gestión, por lo menos… original en el béisbol francés?

