La temporada está llegando a su fin. Solo quedan la final de la División 1 de softbol y el Open de Francia de béisbol femenino antes de pasar la página 2025. Pero ya se impone el balance: este año dejará un sabor amargo. El fracaso contundente del Equipo de Francia en el Campeonato Europeo cierra un año decepcionante y abre una crisis que las redes sociales alimentan con ferocidad. Al menos podemos alegrarnos: el pequeño mundo del béisbol francés debate, discute, propone, y la mayoría de las veces con respeto.
En Francia, el béisbol y el softbol aún dependen del amateurismo y el voluntariado. Los puestos remunerados se cuentan con los dedos de una mano, ya sea en los clubes, las ligas o los comités. En un país donde estos deportes luchan por imponerse culturalmente, la falta de recursos financieros limita las ambiciones. El deporte estanca, a veces incluso retrocede. La escasez de financiamiento público y la reciente disminución del número de voluntarios hace que la ecuación sea aún más complicada. Hacer más con menos nunca ha sido fácil.

Los resultados del año revelan crudamente los límites del sistema. A nivel nacional, el escenario está escrito de antemano: Rouen, Évry o Saint-Raphaël dominan los podios, privando a los campeonatos de suspense y adrenalina. Y en la escena europea, la brecha se ensancha. Francia termina 12ª de 16 en la Copa de Europa de béisbol, 3ª de 4 en béisbol femenino, 5ª de 8 en la categoría sub-23. Incluso los clubes comprometidos en Europa (Montpellier, Rouen, Évry, Saint-Raphaël) luchan por existir frente a adversarios mejor estructurados y más profesionales.
Ahí está el corazón del problema: en otros lugares, incluso naciones con menos licenciados —Suiza, Austria, República Checa— han logrado construir estructuras sólidas, profesionalizadas, capaces de competir al más alto nivel. En Francia, los jugadores y entrenadores son poco cuestionados; es la organización la que falla. En las redes, los dirigentes de la Federación se dan a conocer: comparaciones a montones, cifras a la vista, para demostrar que «en otros lugares» las cosas funcionan mejor. Como para calmar el incendio, la DTN incluso se concedió una autoentrevista al estilo mea culpa. Allí se lee todo: jugadores desmotivados, falta de recursos financieros, confesiones a medias.
Mientras tanto, en el terreno, silencio de radio. Los jugadores y los entrenadores aprietan los dientes, evitan la polémica y se refugian en una prudencia que lo dice todo. Sin embargo, los temas que molestan se acumulan: formación de entrenadores en crisis, orgullo del equipo en declive, compromiso en el trabajo variable, dificultad para traer a los raros profesionales franceses que juegan en otros países, opacidad total sobre el estado de salud de algunos jugadores…

Un balance es unánime: en otras partes de Europa, los equipos extranjeros van en Fórmula 1 mientras aquí aún pedaleamos en una vieja bicicleta. Potencia, preparación, competitividad: el desfase es evidente, y todo el mundo lo ve.
Ante este balance, es hora de un electroshock. El sistema actual, demasiado fragmentado entre categorías, disciplinas y competiciones, impide concentrarse en lo esencial: desarrollar una base sólida en béisbol y softbol, juniors y seniors, hombres y mujeres. La profesionalización debe convertirse en la prioridad, desde el terreno hasta las oficinas. Los entrenadores ya tienen un estatus; el de los jugadores aún está por inventar. Los clubes, ligas y comités deben poder contar con profesionales en número creciente, año tras año.

¿Cómo avanzar?
Con un « Fécamp » del béisbol francés: reunir a presidentes, voluntarios, profesionales, escuchar sus éxitos y sus bloqueos, y luego confiar a un grupo reducido de voluntarios la misión de formular soluciones concretas.
Objetivos: encontrar nuevas fuentes de financiación, inventar un estatus para el jugador profesional y mutualizar las buenas prácticas a través de grupos de trabajo nacionales.
La comunicación también debe salir del amateurismo. La Federación debe apoyar activamente a los clubes de División 1, armonizar la presencia en las redes sociales e invertir en verdaderas retransmisiones, dignas de tal nombre. Las captaciones chapuceras dan una imagen confusa y repelen más de lo que atraen. En cuanto a los dirigentes de la federación, es hora de profesionalizar su comunicación: Facebook personal no sirve de canal oficial.
Un simposio nacional, reuniendo a todas las fuerzas vivas, es la única vía para relanzar la dinámica. El comité directivo, solo, no tiene las armas y ha perdido legitimidad. Pero colectivamente, el béisbol y el softbol francés pueden recuperar un segundo aliento. De lo contrario, la próxima temporada se parecerá tristemente a esta: campeonatos bien organizados, mismos vencedores eternos y decepciones internacionales.

Esperamos sus soluciones en sus comentarios. Pueblo francés del béisbol, softbol: ¡despierta!
Como el año pasado, en noviembre, organizaremos en directo en Baseball TV France una gran entrevista al Presidente de la Federación para hacer un balance completo del año 2025.
Crédito Foto: WBSC, Glenn Gervot
Artículo co-firmado por Didier Cannioux y François Colombier

