Robert Redford, nacido en 1936 bajo el sol de California, se convirtió en uno de los rostros eternos del cine estadounidense. Pero más allá de los vastos espacios del Oeste o los dramas románticos que forjaron su leyenda, también prestó su mirada clara y su cuerpo atlético a uno de los mitos fundadores de Estados Unidos: el béisbol.
En The Natural (El Mejor, 1984), Redford se pone en la piel de Roy Hobbs, un jugador cuyo destino fue truncado demasiado pronto, que renace de las sombras para volver a encantar las gradas. Con su bate forjado en el árbol golpeado por el rayo, se convierte en la encarnación misma del sueño americano: frágil, golpeado, pero capaz de destellos fulgurantes que trascienden el juego y hacen vibrar a todo un pueblo.
Este papel, Redford lo encarna como una épica. Su silueta lanzándose hacia la gloria tiene la gracia de un ritual antiguo, donde el estadio se convierte en arena y la pelota, en un meteoro. En sus gestos precisos, en su mirada tendida hacia el horizonte, se escucha la música sorda del destino, como si el béisbol ya no fuera solo un deporte, sino una metáfora de la vida: caída y redención, esfuerzo solitario y fervor colectivo.
Así, con esta película, Robert Redford no solo jugó al béisbol frente a las cámaras: reveló su dimensión mítica, ofreciendo al séptimo arte una de sus más bellas partituras deportivas y poéticas.
Falleció este 16 de septiembre y el béisbol mundial está de luto





