Hay ediciones colectivas que, a pesar de toda su energía e intenciones loables, no alcanzan el nivel requerido para competir de igual a igual. Esta edición lo demostró: la Copa de Europa seguirá siendo para el equipo senior de béisbol de Francia una cita perdida, una advertencia severa pero útil, si la ambición de Los Ángeles 2028 sigue en pie.
Cinco partidos, cinco derrotas, y sin embargo, hay constantes que ofrecen tantas lecciones para evitar que este escenario se repita en el más alto nivel:
- Los inicios de los partidos suelen ser sólidos, pero falta regularidad.
- Una o dos entradas fatales y cargadas de bases por bolas hacen que el marcador se incline irrevocablemente.
- Demasiados jugadores dejados en base, por falta de eficacia ofensiva.
- Un ataque limitado por jugadas destacadas demasiado aisladas para pesar duraderamente.
- Una gestión del equipo de lanzadores que, a pesar de la abundancia, no ha encontrado la alquimia adecuada.

El presidente de la federación buscó rápidamente contextualizar la derrota, recordando que algunas naciones disponen de ventajas relacionadas con las doble nacionalidad y regulaciones más flexibles. Una explicación válida, pero parcial. Porque la pregunta va más allá de este torneo: cuestiona la formación, el paso por las universidades estadounidenses, la estructuración de nuestra élite, y más ampliamente el desinterés de las instituciones públicas por disciplinas consideradas demasiado « menores » en Francia. Sin un fuerte apoyo institucional, el béisbol francés solo puede contar con sus fuerzas privadas — ellas mismas limitadas por una cultura deportiva nacional poco orientada hacia este deporte.
Los jugadores se batieron, el cuerpo técnico trabajó. Pero nada funcionó. Como a menudo en el deporte, hay que aceptar borrar, digerir y volver a empezar. El balance es duro: el 12º puesto de 16 en esta competición hará caer el rango europeo y mundial de Francia, al igual que la nota de un país relegado a una categoría inferior en el ámbito de la finanzas.

Lo esencial está ahora en otro lugar: transformar este fracaso en un electroshock. Multiplicar los encuentros del equipo Francia a lo largo del año. Convencer a más jugadores expatriados y sus organizaciones para que se unan a las competiciones. Reactivar el proyecto de centro nacional de entrenamiento, ya esbozado en 2018, pero nunca concretado… En resumen, poner sobre la mesa soluciones concretas en lugar de lamentaciones.
Porque si esta campaña es un freno, también puede ser el punto de partida de un nuevo ciclo. Con la condición de no apartar la mirada.
Créditos foto: Glenn Gervot



